En medio del tedio estival, cazo una conversación telefónica robada, de aquellas que uno no debería oír a causa de los peligros que entraña saber demasiado de un prójimo desconocido.
- Hola nena, ¿qué tal?
- <…>
- ¿Pero qué dices? ¿Tú también estás así?
- <…>
-¿Sí? Pues menudo plan, ¿no?
- <…>
-¿Y que vas a hacer?
- <…>
- Eso, tú paciencia, hija, paciencia. Pero, eso sí luego quéjete.
Al momento, como un rayo, cruza mi sentido común, mi adivinatoria o mi sexto sentido, la idea clarividente de que la nena, la hija, se encuentra dentro de un tren de cercanías de RENFE.
«Paciencia, hija, paciencia»
Miro a un lado, miro al otro y, a mi izquierda, el hombre de la camisa verde sigue leyendo
- Hola nena…
- <…>
- Pues mal, la verdad, estoy encerrada dentro de un vagón de RENFE que no avanza, ni retrocede ni abre las puertas para que podemos bajar. Llevo así una hora.
- <…>
-¿Que si estoy así? Pues claro, a mi también me han cazado…



No hay comentarios:
Publicar un comentario