viernes, 10 de agosto de 2007

«Paciencia, hija, paciencia»

En medio del tedio estival, cazo una conversación telefónica robada, de aquellas que uno no debería oír a causa de los peligros que entraña saber demasiado de un prójimo desconocido.

- Hola nena, ¿qué tal?

- <…>

- ¿Pero qué dices? ¿Tú también estás así?

- <…>

-¿Sí? Pues menudo plan, ¿no?

- <…>

-¿Y que vas a hacer?

- <…>

- Eso, tú paciencia, hija, paciencia. Pero, eso sí luego quéjete.

Al momento, como un rayo, cruza mi sentido común, mi adivinatoria o mi sexto sentido, la idea clarividente de que la nena, la hija, se encuentra dentro de un tren de cercanías de RENFE.

«Paciencia, hija, paciencia»

Miro a un lado, miro al otro y, a mi izquierda, el hombre de la camisa verde sigue leyendo La Vanguardia; enfrente, con un uniforme de guardia de seguridad, un muchacho se enrosca en el sueño que una noche de guardia le ha interrumpido una y mil veces; a mi lado, una conocida recién descubierta trata de darme conversación; y un compartimiento más allá, la chica del móvil a quien minutos antes le robaba una conversación marca un número de teléfono:

- Hola nena…

- <…>

- Pues mal, la verdad, estoy encerrada dentro de un vagón de RENFE que no avanza, ni retrocede ni abre las puertas para que podemos bajar. Llevo así una hora.

- <…>

-¿Que si estoy así? Pues claro, a mi también me han cazado…

No hay comentarios: