miércoles, 22 de agosto de 2007

Réquiem for a fish (y un poco también por nuestro yo irracional)

Hasta ahora, cuando alguien entonaba tu nombre uno se imaginaba unas grandes mandíbulas avanzando despiadadamente hacia una barcaza indefensa en medio del océano.

Temible, con la fiereza que sólo pueden igualar los leones del Serengeti de los reportajes de Nacional Geographic. Despiadado, eras calificado como “devora hombres” sin ser una Mata Hari. Carnívoro, fuiste el asesino en serie de la profundidades durante tanto tiempo...

Y ahora todos te han perdido el miedo y te debates entre la vida y la muerta en una piscina de Barcelona. Tres hombres te sacaron a rastras del mar, como quien arrastra al boxeador fuera del ring, mientras en el público exorcizaba todos sus miedos.

Para los bañistas del Miracle ya no eres ni unas mandíbulas temibles, ni un devora hombres y, aun menos, el asesino en serie de las profundidades. Para ellos, eres ya un pobre pez moribundo al que tienen que socorrer.

Esta semana ha caído otro mito y ahora tenemos un miedo menos y somos un poco más racionales. Hay días que uno se despierta deseando que vivan toda la vida nuestro mitos infantiles.

Vaya, parece que llevamos unos días marineros.

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